ESPAÑA INCÓMODA.

"Demasiado libertinaje en la juventud seca el corazón, y demasiada continencia atasca el espíritu".

Charles Augustin Sainte-Beuve (1804-1869) Escritor y crítico literario francés.


Mostrando entradas con la etiqueta Astronomía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Astronomía. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de noviembre de 2012

Observan la explosión más grande en un agujero negro

Agujero negro

 
 
  • La emisión es al menos cinco veces más potente que las registradas hasta ahora.
  • Es cien veces más potente que la producción energética total de la Vía Láctea.
  • Los investigadores han utilizado el telescopio VLT (Very Large Telescope) del Observatorio Europeo Austral (ESO) para llevar a cabo su estudio.


  • Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto un cuásar con la emisión más energética observada hasta el momento, al menos cinco veces más potente que las registradas hasta ahora. Los cuásares son centros galácticos extremadamente brillantes activados por agujeros negros supermasivos.
    Los cuásares son centros galácticos extremadamente brillantesEsta es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista científica The Astrophysical Journal, para el que los investigadores han utilizado el telescopio VLT (Very Large Telescope) del Observatorio Europeo Austral (ESO). Los cuásares contienen enormes agujeros negros en sus núcleos. Estos agujeros negros destacan por atraer material estelar y muchos cuásares aceleran parte del material que los rodea y lo eyectan a grandes velocidades.

    Este nuevo estudio ha observado, con mucho detalle, uno de estos energéticos objetos -conocido como SDSS J1106+1939- utilizando el instrumento X-shooter, instalado en el telescopio VLT, en el Observatorio Paranal, en Chile, ha informado el observatorio en una nota de prensa.

     

    Millones de millones de veces la potencia del Sol

    "Hemos descubierto la eyección de cuásar más energética conocida hasta el momento", ha afirmado el investigador principal del equipo, Nahum Arav (Virginia Tech, EEUU). La velocidad a la que es expulsada esta energía por la enorme masa de material eyectado desde SDSS J1106+1939 es, al menos, equivalente a dos millones de millones de veces la potencia que emana del Sol, según este científico.

    Este descubrimiento puede resolver varios enigmas de la cosmología modernaA su vez, "implica que es cien veces más potente que la producción energética total de nuestra galaxia, la Vía Láctea; es una eyección verdaderamente monstruosa", ha constatado Arav. Según este astrónomo, "es la primera vez que la eyección de un cuásar ha sido medida con el fin de obtener la clase de muy altas energías que predicen las teorías".
    Numerosas simulaciones teóricas sugieren que el impacto de estas eyecciones en las galaxias del entorno puede resolver varios enigmas de la cosmología moderna, incluyendo cómo la masa de una galaxia está asociada a la masa de su agujero negro central y por qué hay tan pocas galaxias grandes en el universo.

     

    A 8.000 kilómetros por segundo


    Sin embargo, hasta ahora no se sabía con certeza si los cuásares eran capaces de producir chorros lo suficientemente potentes como para producir estos fenómenos. Las nuevas eyecciones descubiertas se encuentran a unos mil años luz de distancia del agujero negro supermasivo del corazón del cuásar SDSS J1106+1939. Estos chorros son, al menos, cinco veces más poderosos que los récords previos registrados.

    He estado buscando algo parecido durante décadasEl análisis del equipo muestra que el cuásar pierde al año una masa de, aproximadamente, 400 veces la masa del Sol, moviéndose a una velocidad de unos 8.000 kilómetros por segundo. "He estado buscando algo parecido durante décadas", ha subrayado Nahum Arav, quien ha dicho: "es emocionante encontrar por fin una de estas eyecciones monstruosas predichas por la teoría".

    Además de a SDSS J1106+1939, el equipo también observó otro cuásar y descubrió que ambos objetos tienen poderosa eyecciones. El equipo explora actualmente una docena de cuásares similares para seguir comprobando la teoría. El primer firmante del artículo es Benoit Borguet, también de Virginia Tech, y en él participa un investigador del Grupo de Telescopios Isaac Newton de La Palma (Chris Benn).


    Noticia extraída de: http://www.20minutos.es/noticia/1661537/0/observan/explosion-mas-grande/agujero-negro/

    miércoles, 28 de noviembre de 2012

    Los planetas podrían influir sobre la actividad magnética del Sol

    "Nuestro estudio podría contribuir a entender mejor los intervalos de tiempo en los que el Sol no presenta manchas", dice el físico Ferriz-Mas, miembro del equipo que ha efectuado este hallazgo


    Los planetas podrían influir sobre la actividad magnética del Sol


    Es conocido que el Sol presenta un ciclo de once años, a lo largo del cual su actividad magnética (que se manifiesta en forma de manchas, explosiones que liberan energía y eyecciones de materia al espacio interplanetario) varía entre un mínimo y un máximo. Pero, además de este ciclo de once años, basado en el número de manchas que aparecen en la superficie del Sol, también se ha observado la existencia de otros ciclos de actividad magnética con periodos más largos de 88, 104, 150, 208 y 506 años.

    Ahora un grupo de físicos, entre los que se encuentra Antonio Ferriz-Mas, miembro del Grupo de Física Solar del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y profesor titular en la Universidad de Vigo, ha encontrado una coincidencia excelente entre los ciclos de periodo largo de actividad solar y los efectos de marea debidos a los planetas. Los resultados aparecen este miércoles destacados en la versión digital de la revista Astronomy & Astrophysics.
    Se trata, cabe remarcarlo, de un artículo atrevido porque intenta contrarrestar la concepción clásica de que lo que ocurre en el interior del Sol lo determina exclusivamente el propio Sol.

    "Nosotros no decimos que el periodo de las manchas de once años del Sol las cause Júpiter. De hecho, nadie sabe por qué el periodo de las manchas tiene 11 años", dice a LaVanguardia.com Ferriz-Mas. "Nuestro estudio se refiere a la modulación de la actividad magnética solar a largo plazo (como, por ejemplo, la aparición de los llamados Mínimos de Maunder)", añade.

    Los Mínimos de Maunder son prolongados intervalos de tiempo en los que el Sol, prácticamente, no presenta manchas. Poco después de que Galileo Galilei observara las manchas solares, éstas dejaron de apreciarse. En concreto, entre aproximadamente 1645 y 1715 (Galileo murió en 1642) apenas se detectaron manchas solares. Eso coincidió -con un pequeño desfase temporal- con un periodo de enfriamiento de la Tierra (al menos en el hemisferio norte) que se conoce como la pequeña edad de hielo.

    Esta pequeña edad de hielo comenzó poco después de que dejara de haber manchas. "Pero no dejó de haberlas durante un mes o dos, sino alrededor de 75 años. Y esos periodos de ausencia de manchas de entre 75 y 100 años o más es lo que se denomina Mínimos de Maunder", aclara este profesor de Física de la Universidad de Vigo. "Nuestro estudio podría contribuir a entender mejor los Mínimos de Maunder y la distribución temporal de éstos", añade.

    Este equipo internacional (Suiza, España y Australia) ha reconstruido minuciosamente la actividad magnética solar de los últimos diez mil años analizando para ello la concentración de isótopos cosmogénicos (los isótopos berilio-10 y carbono-14) en testigos de hielo de la Antártida y de Groenlandia. La serie temporal obtenida muestra unas periodicidades, aparte del conocido ciclo solar de once años, para las cuales no existía hasta ahora ninguna explicación en el marco de la teoría dinamo (es decir, la teoría que intenta dar cuenta de cómo se generan los campos magnéticos solares y estelares).

     La capa donde se almacena el flujo magnético

    El Sol no rota rígidamente, sino que posee una rotación diferencial en latitud y en profundidad; en particular, las regiones en el ecuador rotan más rápido que las de los polos. Pero esta rotación diferencial se da tan solo en el 30% más externo del Sol, en la llamada zona de convección. Bajo esta zona se encuentra la zona radiativa, en la que la energía se transporta por radiación (fotones) y donde la rotación es casi rígida.

    Justo entre las zonas convectiva y radiativa existe una delgada capa, la tacoclina, donde se produce una transición muy marcada entre ambas zonas. Esta capa es crucial para el almacenamiento y amplificación del campo magnético solar, puesto que en ella se localizarían inicialmente los intensos tubos de flujo magnético que en algún momento originarán las manchas solares que se observan en la superficie.

    Si la tacoclina estuviera un poco achatada y se desviase ligeramente de la simetría axial -por ejemplo, porque rotase alrededor de un eje ligeramente inclinado con respecto al eje de rotación del Sol-, los planetas podrían ejercer pares de fuerzas sobre la tacoclina por efecto marea (similar al que la Luna ejerce sobre los océanos terrestres). El efecto de marea, aunque pequeño, y hasta ahora despreciado, podría ser suficiente para afectar la capacidad de la tacoclina para almacenar los tubos de flujo magnético, precursores de las manchas.

    El efecto de los planetas, a través de las fuerzas de marea, podría modificar ligeramente la estabilidad de la estratificación del gas en la tacoclina. "Esta modificación podría ser de una parte en 10.000 a una parte en 100.000. Es como si a una persona que tiene 100.000 euros le quitamos uno, no se da cuenta. Pues esta modificación tan pequeña podría ser suficiente para modificar la capacidad de almacenamiento de tubos de flujo magnético dentro de esa capa", relata Ferriz-Mas.
    Muchos científicos suponen, desde los años 80, que las manchas solares son simplemente grandes tubos de flujo magnético que ascienden desde esa tacoclina hasta la superficie del Sol, atravesando unos 200.000 km de zona convectiva.

    "Si la estabilidad de la estratificación del gas en la tacoclina fuese distinta, esos tubos, cuando entraran en la zona de convección para ascender, serían demasiado débiles. Eso quiere decir que la convección los destrozaría por el camino y a la superficie sólo llegaría campo magnético difuso, no estructurado en manchas", argumenta este científico.

    Este grupo de físicos supone que cuando hay un Mínimo de Maunder no significa que no llegue campo magnético a la superficie, sino que ese campo no llega en forma de manchas. "El origen de todo está en la tacoclina", señala Ferriz-Mas. "Si no hay en esta capa solar tubos de flujo del orden de 100.000 Gauss que entren en la zona de convección y empiecen a ascender, no hay manchas", agrega.

    "El campo magnético en la superficie terrestre, que ponemos de manifiesto con una brújula, puede tener una intensidad de entre 0,25 y 0,65 Gauss. Si los tubos de flujo no llegan a alcanzar los aproximadamente 100.000 Gauss, porque la estabilidad de la estratificación del gas en la tacoclina ha sido perturbada por el efecto de marea de los planetas, entonces éstos no mantendrían su identidad al atravesar la zona de convección y no podrían llegar a la superficie en forma de estructura coherente que diese lugar a manchas solares", explica Ferriz- Mas.

    Si todo lo relatado aquí se cumpliera, deberían encontrarse los mismos periodos en la actividad solar que en el torque [fuerza que se le ejerce a algo para hacerlo girar] ejercido por los planetas, como precisamente ha descubierto el equipo en el que participa el investigador Antonio Ferriz-Mas (IAA-CSIC).
    Como indican los doctores J. A. Abreu y J. Beer del ETH de Zurich (Instituto Politécnico Federal), coautores del artículo, la influencia de los planetas sobre el magnetismo solar a larga escala temporal es una hipótesis interesante, que daría una explicación natural a los periodos de entre ochenta y ocho y dos mil doscientos años presentes en el registro de la actividad magnética solar. Si esto fuese así, este estudio puede tener implicaciones muy importantes para entender mejor cómo funciona el Sol y, en particular, la actividad magnética solar.


    Extraído de: http://www.lavanguardia.com/ciencia/20121128/54355926959/los-planetas-podrian-influir-en-la-actividad-magnetica-del-sol.html

    miércoles, 1 de agosto de 2012

    El remolino azul que alberga explosiones violentas de supernovas

    Galaxia espiral NGC 1187 obtenida con el VLT. | ESO


    El Observatorio Austral Europeo (ESO, por sus siglas en inglés) ha vuelto a divulgar una espectacular y nítida imagen gracias al telescopio VLT (Very Large Telescope). En la nueva instantánea se observa la galaxia NGC 1187 , una perfecta espiral a 60 millones de años luz de la Tierra en la constelación de Eridanus (El Río). Pese a su aparente tranquilidad, la galaxia ha albergado dos explosiones de supernova durante los últimos treinta años, la última en el año 2007. Esta imagen de la galaxia es la más precisa de las obtenidas hasta el momento NGC 1187 parece una galaxia tranquila e inmutable, pero ha albergado dos explosiones de supernova desde 1982. Una supernova es una violenta explosión estelar, resultante de la muerte de una estrella masiva o de una enana blanca en un sistema binario. Las supernovas son uno de los fenómenos más energéticos del universo, y son tan brillantes que a menudo iluminan brevemente una galaxia al completo antes de desaparecer de nuestra vista durante semanas o meses. Durante este corto periodo de tiempo una supernova puede irradiar tanta energía como la que se estima que emitirá el Sol a lo largo de toda su vida.

    En octubre de 1982, se descubrió la primera supernova en NGC 1187, desde La Silla, un observatorio de la ESO. Más recientemente, en 2007, el astrónomo aficionado Berto Monard, localizó desde Sudáfrica otra supernova en esta galaxia. Posteriormente, un equipo de astrónomos elaboró un detallado estudio y monitorizó esta supernova durante alrededor de un año utilizando numerosos telescopios.
    Esta nueva imagen de NGC 1187 fue creada a partir de observaciones obtenidas como parte de este estudio y la supernova puede verse, mucho después de su pico de brillo máximo, cerca del extremo inferior de la imagen.

    La galaxia NGC 1187 se ve casi de frente en la nueva imagen del VLT, que muestra con claridad su estructura espiral. Pueden verse alrededor de media docena de brazos espirales prominentes, cada uno de los cuales contiene grandes cantidades de gas y polvo. Los rastros azulados de los brazos espirales indican la presencia de estrellas jóvenes nacidas de las nubes de gas interestelar.
    En las zonas centrales brilla el protuberante centro en tonos amarillos. Esta parte de la galaxia está compuesta, principalmente, de estrellas viejas, gas y polvo. En el caso de NGC 1187, más que un centro redondeado, hay una sutil estructura central en forma de barra. Se cree que esta característica forma barrada actúa como un mecanismo que canaliza el gas procedente de los brazos espirales hacia el centro, aumentando la formación estelar en esa zona.


    En los alrededores de la galaxia, pueden verse muchas más galaxias más débiles y distantes. Algunas incluso brillan a través del disco de NGC 1187. Sus tonos predominantemente rojizos contrastan con los cúmulos de estrellas azul pálido de los objetos más cercanos.
    Estos datos fueron obtenidos utilizando el instrumento FORS1, instalado en el Very Large Telescope de ESO, en el Observatorio Paranal, en Chile.


    Extraído de:  http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/31/ciencia/1343725248.html